Muy cercano al paraíso (cuento)

Mi nieto entró precipitadamente a través de la puerta, entre gritos de jolgorio por la tarde recién vivida a juegos, y cruzó el umbral de aquél pórtico, el mismo que lleva hacia mi cuarto, mismo que se ha convertido en la caverna de mi vida solitaria. Caverna, celda, archivero, qué más da.

Tenía escasos diez años y la abundante alegría a cuestas, cosa normal en un niño de su edad. De la sencillez y la inocencia que salpicaban sus pómulos, yo ya me había olvidado algunas décadas atrás.

—¡Abuelito, abuelito!, —fueron sus palabras entendibles, rodeadas de otras tantas frases secretas e indescifrables que producía su garganta agobiada por los juegos.

De un brinco llegó frente al sillón en que me encontraba leyendo aquella larga novela; le ayudé a subir a mi regazo. Le arreglé el cabello, negro como la bella noche, le acomodé sus ropas tranquilizándolo. Y ya más calmado, comenzamos a platicar como dos viejos y entrañables amigos:

—¿Dónde has estado, pequeño? ¿De dónde vienes?

—¡Ay abuelo! He estado en un lugar maravilloso.

—A ver, cuéntame, hermoso mío…

—¡Abuelo, estuve en un lugar tan hermoso, tan bonito! Era un paraíso todo lleno de flores hermosas y coloridas, con el pasto verde verde y el cielo tan azul. Había árboles de mil tamaños y todo olía riquísimo. ¡Abuelo, lo hubieras visto!

—Un lugar difícil de encontrar en estos días… —le interrumpí por un momento, pero él siguió en su emoción sin percatarse de mis palabras de tristeza:

—Y había también muchos pajaritos: graciosos, chiquitos, ¡y también grandotes!, y eran de muchísimos colores, tantos, que brillaban. Y había también muchos otros animales, todos hermosos y contentos…

“Lejos de la ciudad seguramente”, pensé entristecido mientras mi nieto proseguía efusivo:

—Era un jardín inmenso, hermoso y lleno de vida, con riachuelos que corrían entonando canciones divertidas, con cascadas y con valles, verdes e inacabables… ¡Y las nubes, abuelo! Se apelmazaban a montones, grandotas y esponjadas como algodones, ¡encima de la pradera más verde que te puedas imaginar!

Fue cuando, intrigado de saber la ubicación de tal lugar, de tal paraíso, le interrumpí completamente, ansioso, nervioso y perdido:

—Pero, dime, ¿dónde queda ese lugar tan bello? ¿Dónde está ese paraíso escondido?… ¿Dónde estuviste todo éste tiempo, niño mío?

Me miró con ojos enormes y sonriendo soltó esa respuesta que deja helado a quién no la espera:

—¿Dónde abuelo? ¡Aquí afuera, en tu jardín!

 

 

Publicado en la web de Vagabundos Moleskin como parte del Concurso de Relatos de viaje 2015 organizado por Ediciones de Viento y Editorial Grammata (España).

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