Oniric Club (cuento)

Desde la página de internet, el hotel ya sonaba extraño: “Oniric Club, donde tus sueños se hacen realidad. Literalmente.” Eso les llamó tanto la atención que reservaron de inmediato. Fue así como los ocho jóvenes llegaron a esa posada extravagante desde el exterior, en medio de la nada y sin civilización conocida en kilómetros a la redonda.

La recepcionista normal les quitó un poco la emoción, sin embargo, mientras esperaban que les asignaran habitación, descubrieron un tomo tan interesante en la biblioteca contigua, que, pasmados, lo leyeron al mismo tiempo. Craso error.

De pronto y de la forma más inaudita, empezó a llover dentro del hotel. La misma recepción se llenó de miles de gotas cayendo. Si aquello eran efectos especiales logrados con regaderas en el techo, eran muy convincentes. Emocionados corrieron a su habitación asignada. ¡Qué despliegue de creatividad! Estaban emocionados por lo que les esperaba durante su estancia.

Lo que ya no fue tan explicable, fueron los relámpagos dentro del lobby. Estallaban con tal fuerza que daba miedo sufrir una electrocución. Tal vez ya estaban exagerando con sus dichosos efectos.

Apenas abrieron la puerta de una de sus habitaciones, el agua salió tal como lo hace una inundación al romperse el dique. ¡Estaban empapados sin llevar el traje de baño! A un par de las chicas que iban, eso ya no les pareció una buena idea. Esa aventura podría ser un desastre.

El agua no dejaba de correr hacia afuera. En ese instante la aventura se transformó en pesadilla: uno de los jóvenes, el más enclenque perdió el equilibrio, cayó y se fue con la corriente escaleras abajo.

Mientras tres de sus amigos trataban de ayudarlo, las cuatro chicas descubrieron una lancha hinchable en el armario de su habitación. Con muchos trabajos la inflaron apenas a medias y se dispusieron para salvar al compañero perdido entre las aguas de aquella inundación caótica que bajaba como una verdadera cascada por las escaleras del hotel.

Al pasar junto a sus amigos y pedirles que subieran a la balsa fue que descubrieron algo más extraño todavía: el agua era una masa gelatinosa que se movía de arriba hacia abajo como debía ser, pero también con pequeños efluvios subiendo por las paredes.

Cuando alguien preguntó qué sucedía, otro contestó que le tenía miedo al agua y deseó que todo eso fuera gelatina pues sería más fácil remontarla sin peligro a ahogarse. La chica más lista del grupo descubrió en un instante que todo aquello solo era una sugestión en sus mentes. Quiso avisar a los demás, pero en ese momento, un agujero enorme en medio del hall se abrió y se los tragó completamente.

Entonces ella despertó en su habitación del hotel.

 

 

Publicado en la web de Vagabundos Moleskin como parte del Concurso de Relatos de viaje organizado por Ediciones de Viento y Editorial Grammata (España).

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