El peligro de los buenos cuentos (cuento)

Por allá de los remotos tiempos de inicios del siglo pasado, alguna vez se le ocurrió al gobierno la brillante idea (no es sarcasmo, es en serio) de sacar a la gente de su rutina mediante cuentos impresos, los cuales se dejaban abandonados en cualquier rincón de la ciudad periódicamente: bancas de parque, bardas no tan altas (y debajo de una piedra para evitar accidentes con las ráfagas), mesas aleatorias de cafés y restaurantes al aire libre (con sistemas parecidos al anterior), y otros lugares que hicieran parecer que habían sido olvidados allí por mera casualidad. La idea era obsequiar a los viandantes, un momento de interesante esparcimiento y relajación lectora. Eso fue en los tiempos en que las primera rotativas  automáticas empezaban a existir.

La gente respondió bien y de inmediato volvió a sonreír. Algunos luego de leer los textos, devolvían las hojas impresas a su sitio donde las habían encontrado. Otros, embelesados, se las llevaban consigo para poderlas disfrutar de nuevo en la intimidad de su hogar. ¡Era maravilloso!

Esto empezó a significar un grave problema, y no precisamente por los gastos en costes de papel o impresión: esa era una de las premisas de la idea, crear textos que se pudieran volver parte fundamental de una vida humana. No, el verdadero problema fue que la gente se embelesaba tanto con los cuentos que su imaginación comenzaba a volar, haciendo que sus cuerpos perdieran peso y flotaran por el espacio. Me veo en la necesidad de repetirlo nuevamente: no me burlo de ustedes, esto es en serio.

En esos tiempos se veían personas salir volando por su ventana sin rumbo fijo, siempre con los ojos bien clavados en las letras que tenían las hojas que asían sus manos frente a ellos. Para cuando terminaban de leer el cuento, el embelesamiento aunado al suspiro que significa terminar un excelente texto literario, los hacían aterrizar suavemente en lugares donde no tenían la más remota idea acerca del cómo habían llegado hasta allí. Y entonces comenzaba el penoso regreso sin saber el camino de vuelta a casa, aunque envuelto de una atmósfera de regocijo, tranquilidad o reflexión provistas por la reciente lectura.

¡Esto significó rápidamente pérdidas millonarias en transportación y en tiempo efectivo de vida por andar preguntando direcciones sin ton ni son o tener que darlas sin la más remota idea por cuál dirección estaban preguntando!

Ante esto, el gobierno tuvo que desarrollar un plan de contingencia a la par de brillante que el anterior. Para ello se planteó las siguientes disyuntivas: ¿Qué es lo contrario a los cuentos? ¿Y qué es lo único que nos puede hacer “poner los pies en la tierra” de inmediato? ¡No hay otra: la aplastante realidad!

Fue cuando se comenzaron a imprimir noticias reales y aburridas en unas grandes hojas de papel que, al juntarse, fueron llamadas “periódicos de ocasión” (¡curioso nombre!). Al principio, se “olvidaron” nuevamente en los lugares públicos con mayores avistamientos de lectores voladores, y resultó una solución instantánea magnífica: el problema se acabó de inmediato y para siempre pues la gente, apenas zambullía las narices detrás de esas grandes hojas de papeles diarios, dejaba de volar y caminaba pesarosamente por las calles embadurnadas de realidad.

Con el paso de las semanas, la gente se acostumbró tanto a la comodidad de la rutina, que incluso empezó a buscar los periódicos de noticias abrumadoras desde la mañana, con el fin de contrarrestar los efectos nocivos aerostáticos de los sueños nocturnos. El gobierno advirtió que sería una gran idea venderlos, y así lo hizo.

Esta práctica aún persiste hasta nuestros tiempos.

Así que, en verdad les digo que si en alguna ocasión encuentran un cuento olvidado en algún banco o mesa o rincón de su ciudad, o perdido entre las oscuras páginas de un libro amigo, o entre las líneas de cualquier revista impresa, léanlo con muchísimo cuidado y sin perder de vista su realidad. ¡No vaya a ser que les guste tanto que empiecen a volar sin darse cuenta!

 

 

Ganador del derecho a ser parte de la publicación del Sexto número de la Revista Literaria “Visor” a través de su VI Convocatoria Internacional de colaboradores organizado por la Revista Literaria “Visor” (España).

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