Todos parejo (micro cuento)

Al tercer conato de pelea, la vieja los separó jalándolos de las orejas sin piedad.

—¡Carajo! ¿Qué no les quedó claro que tenemos que jalar todos parejo para ayudar a esta pobre gente?

El grupo de personas estaban ahí para ayudar a sacar a los atrapados del derrumbe. Eran habitantes de las próximas minas de sal y había razas de todos los colores: negros, blancos, mulatos, musulmanes, mestizos, y hasta orientales.

Y antes de la complicada faena, la vieja había hablado claro con ellos: “Necesitamos de la solidaridad de todos, ¡de todos! ¿Me oyeron bola de pendejos racistas?”. Por eso ya la tenían hasta la madre con sus tonterías de que razas distintas no pueden trabajar juntas por un bien común.

A punto de que la situación se saliera de control, un hombrecillo enjuto y sin importancia aparente, aclaró el error de la señora:

—Disculpe, tuvo razón en lo que nos dijo antes, sí, pero le faltó agregar que aparte de solidaridad, necesitamos que nos tengamos mucha tolerancia, que para este caso es básica, y no es lo mismo en absoluto.

Todos asintieron en silencio. Aclarado este punto, se podían esperar mejores acciones de un grupo tan diverso.

 

 

Seleccionado para la Antología del Primer Certamen Internacional de Micro relatos Laguna de Duero convocado por la asociación Ateneo Socio Cultural de Laguna de Duero (España).

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