Entre la lucha, el queso y los sueños (cuento)

I

Quiero contarles acerca de un personaje único, de esos pequeños milagros que caminan entre todos los aburridos de la gran ciudad sin que casi nadie los note. Su nombre es Juancho y es algo digno de contarse.

Tiene una personalidad extraña, no muy usual en estos días. Le apasiona la filosofía, reflexionar constantemente sobre la vida, las buenas pláticas entre amigos, mejores si son aderezadas con un buen trozo de queso, los buenos libros y la música que lo haga viajar a otros lugar sin tener que moverse de su sitio. Aunque sí, también le encanta viajar físicamente, cambiar de aires y ciudades, cabe aclararlo.

Pero lo más extraño de él es la combinación de sus dos profesiones de vida. Son tan divergentes que se antoja un Doctor Jekyll y Mr. Hyde actual. De noche, para ganarse el sustento de vida, es luchador de ring: férreo, voraz, enmascarado y amante de la cachetiza a puño abierto (tal como sucede en las luchas libres de verdad), le encanta el golpe y porrazo que resuenan contra la lona. Mientras que de día, para ganarse la chispa que le inyecta la vida, es científico e inventor: de ideas extravagantes, de sueños imposibles, de cosas innovadoras y nunca antes vistas. Casi científico loco salvo la salvedad de que está más cuerdo que una cabra. ¡Mmmh…! Por cierto, el queso de cabra es delicioso, y es uno de los preferidos de Juanchito, quien actualmente está trabajando en dos proyectos muy importantes para la humanidad: por un lado, su nueva llave mortal llamada “la desquesadora” (que consiste en sacarle el aire al rival hasta dejarlo como quesadilla sin queso), y el otro, crear una robot femenina perfecta que le vaya a la medida (una asistente nunca viene mal, y ¿quién sabe?, hasta podría llevar a cabo otras tareas un tanto más comprometedoras como para aclararlas en este cuento).

El primer proyecto está costando trabajo: apenas se inspira en el queso, deja de pensar en cualquier otra cosa terrenal. El segundo proyecto avanza como queso fundido: suave y constante. Delicioso. Por eso, creo que mejor me centraré en contarles sobre la robot.

Ha hecho una infinidad de cálculos mentales y matemáticos hasta llenar un libro entero, tiene más planos que los que se hicieron para construir la Quesería Nacional Manchega, y ha estudiado tantos datos que se podría hacer una nueva enciclopedia solamente con ellos. Y es que él es así, tenaz y apasionado, disciplinado y soñador. ¡Es Juancho! Pero lo mejor definitivamente, es que está a punto de lograrlo: unos días más y el prototipo de robot femenino echará a andar por su laboratorio llenándolo de esa energía organizativa tan requerida por aquí desde siempre.

Lo malo, es que me parece que se quedará en el intento de lograrlo, pues en estos instantes, una hermosa y singular dama toca a su puerta. Ella se llama Gina, y es una mujer totalmente contraria a lo que muestran sus planos, completamente diferente a lo que proponen sus cálculos, y por ende, absolutamente opuesta a lo que él está buscando para organizar su vida. Es una de esas amistades fortuitas que llegan de improviso a nuestras vidas justo para poner todo nuestro mundo de cabeza. La primera vez que la vio, Jancho se tropezó; la segunda balbuceó unos instantes antes de perder su camión hacia las luchas; y la tercera vez, bueno, la tercera está en camino, a unos pasos de la puerta luego de que escuchó sonar el timbre (y tras soltar un ligero berrinche debido a la interrupción de su tan ansiado proyecto de robot femenino), ahora se encamina hacia la puerta…

Apenas ha abierto y entablado una breve conversación tropezando las palabras, ella ya le ha demostrado que es perfecta para él aún sin ser lo que durante tanto tiempo ha buscado. Y es que mientras el amor resulta demasiado extraño, la vida es harto apasionante: una mirada de apenas unos segundos seguida de una breve charla, es suficiente para hacernos sentir aquello de lo que estaremos seguros durante el resto de nuestras vidas: Juancho no necesitará más de unos pocos días para quedar prendado de su belleza, de sus ideas y de esa energía renovadora, tan estimulante y apasionada, que es muy requerida no solo en su laboratorio, sino en su vida, e incluso en todo el universo por todos nosotros.

 

II

Han pasado los años y de la robot, ni sus luces; tan solo queda el aluvión de documentos redactados e investigados por Juanchito. En lugar de inventar cosas irreales, prefiere inventar una vida verdadera juntos: disfrutando de su compañía, de sus besos apasionados, y de un delicioso trozo de queso mientras sus miradas se funden ante el bello atardecer.

En el sótano de su casa, todos sus planos y cálculos esperan silenciosos sobre la mesa hasta la próxima eternidad, hasta que llegue alguien que prefiera sacrificar la vida por los berrinches. Lo que sí es seguro que no se quedará esperando mucho tiempo, es una cita para los enmascarados: Juancho ya planea invitarla al ring de luchas en cualquiera de estas noches próximas.

 

 

Dedicado a Juancho y Gina.

 

Declarado Ganador del Primer Concurso de relatos de amor – San Valentin Musaventura a nivel internacional convocado por la tienda Musaventura (España).

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