Romances dorados (micro cuento)

Mientras miraba a los trigos mecerse, descubrió el mágico polvo de oro que produce la poesía de los trigales al besar al viento de la tarde.

Embelesada, salió a recolectarlo en una cesta y con él horneó el más delicioso pan que pudiéramos imaginar. Tanto, que su aroma llenó de colores el cielo del atardecer y desde entonces es dorado.

Una vez que lo terminó, le bastó comer solo dos rebanadas: desde entonces nos mira a través del cielo llena de candor y poesía. Su nombre era Aurora.

 

 

Finalista y seleccionado para la Antología del I Certamen de Micro relatos “San Isidro Labrador” de la Editorial Letras como espada (España).

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