La Torre, de Babel (cuento)

Jazam Bael Muhammad Sid Al-Mutasim fue el hijo natural del gran guerrero árabe Marduk Péleg Shar-kali-sharri. La única gran diferencia es que no había heredado del todo las grandes capacidades bélicas de su padre, no así la gran visión para el mercadeo que poseía desde sus raíces familiares, la cual le permitía una vida holgada, fructífera, aunque llena de toda clase de esfuerzos comerciales agotadores de los cuales de cuando en cuando, se quejaba amargamente.

Como buen hombre de negocios con estrella para volverse inmensamente rico, también empezó a volverse inmensamente loco conforme los costales de monedas de oro se acumularon en su bodega. Fue así como, tratando de evocar las grandes hazañas de su padre en asuntos bélicos, se fijó la loca idea de formar el más grande ejército de toda la Tierra. ¿Para qué le serviría a un comerciante una armada de ese tipo? Solo su demencia lo sabía.

Fue así como decidió recorrer los continentes de extremo a extremo enrolando a los hombres más feroces, astutos, brillantes y fuertes de cualquier rincón habido y por haber de la Tierra con el único fin de juntarlos a todos para pelear descabelladamente por un fin aún inexistente. Claro que para esto, Jazam Bael Muhammad Sid Al-Mutasim debió primero formar un excelente equipo de guardias más feroces, astutos, brillantes y fuertes que los guerreros que iba enrolando, esto con el fin de ser defendido de los primeros en caso de organizarse cualquier tipo de revuelta contra el jefe, quien curiosamente resultaba ser él mismo. ¿Y a sus guardias, quién los controlaba? Eso fue lo más sencillo pues lo dejó en manos de quien siempre había podido confiar sin problemas: su ya inmensa fortuna de dinero. Y como bien sabemos, codicia diluye libre albedrío, por lo que sus guardias eran fieles cual perros que bailan al son de las tintineantes monedas que se acumulaban en sus bolsillos.

Así las cosas, y cuando hubo completado la circunferencia horizontal del planeta a través del paralelo 30 grados norte (aproximadamente), su ejército (sumado a su equipo de guardia personal, sirvientes, monturas, esclavos y mirones que extrañamente lo seguían para quien sabe qué cosa) ya rondaba por las decenas de miles de efectivos. Fue entonces que se fijó la segunda parte de su descabellado plan: completar nuevamente la circunferencia terrestre, está vez guiado por el meridiano 50 grados este y con los mismos fines.

El pequeño gran problema es que hubo un pequeño error de cálculo en su navegación y terminaron unas cuantas millas al oeste del punto calculado, sin embargo, más que terminar, en el momento en que su ejército no pudo más fue cuando todo el magnífico plan se vino por completo al traste: estaban en exceso cansados, no habían completado hazaña alguna (excepto recorrer todos los confines de la Tierra reclutando gente) y sobre todo, el batiburrillo de lenguas de quienes formaban su campaña, era impresionante además de inentendible. Jazam Bael Muhammad Sid Al-Mutasim jamás se detuvo a pensar que para enrolar a tal mar de gentes de los más distintos puntos cardinales del planeta, también iba a ser necesario contar con un pequeño ejército de traductores de las distintas lenguas encontradas. La cuestión es que no se entendían ni para ponerse los calzones correctos.

Viendo que más que un ejército parecían un enorme país errante, pletórico de locos y extraños personajes, pero eso sí, uno de los más cultos, estudiados y diversos del planeta debido a la diversidad de lenguas, culturas, costumbres, tradiciones e ideas mezcladas a partir de las excelentes y largas conversaciones que se suscitaron a fin de matar el tedio de una caminata interminable, decidieron montar en ese mismo lugar del cansancio extremo, una ciudadela para poder comerciar (lo que mejor sabían hacer más que combatir a enemigos invisibles), a la vez de estudiar, crear arte y recrearse con la vida misma.

A esa ciudadela enorme, de tan alta que la construyeron, se le conoció en todo el mundo conocido como “La Torre”. Y fue construida precisamente en un lugar llamado Babel.

Esta es la única y verdadera historia… Las demás, quién sabe.

 

 

Seleccionado para la Antología del Proyecto “Un viaje por el tiempo: Antología de Relatos Históricos” organizado por la Editorial Playa de Ákaba (España).

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s