En este mundo mecánico (cuento)

Ese robot había salido defectuoso; quien sabe qué tenía exactamente. El caso es que iba cada semana con la ensambladora matriz a que le reparara algún nuevo desperfecto: una cosita aquí, otra más allá, pero siempre iba. Y mientras lo reparaba, le platicaba sus problemas:

—En este mundo mecánico, ya no hay amigos verdaderos. ¡Nadie se preocupa por mí, nadie me escucha! Es más, ningún otro androide pasa suficiente tiempo conmigo como para conocerme de verdad. ¿Te digo algo? Siento que si de repente me descompusiera, nadie se daría cuenta. Solo me descubrirían por el olor a óxido que comenzaría a despedir al paso de los ciclos.

Y dicho esto, suspiraba.

La ensambladora lo miraba con todo el amor que podía sentir hacía él mientras lo escuchaba, mientras lo reparaba con muchísimo cuidado. Cada vez pasaba más tiempo conociéndolo.

Cuando terminaba la tarea, ambos se abrazaban profundamente, tal como lo hacen los amores sinceros.

 

 

Dedicado a Carlos Sánchez.

 

Seleccionado para la Antología del Certamen Mundial de Relatos “Historias de amor” convocado por la Editorial Letras con arte (España).

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