No hay vuelta de molino (ensayo)

Es cuando me pregunto: ¿por qué sólo ven la espuma del mar para colmarse de alegría unos instantes, en lugar de asomarse bajo la superficie: verían una vida tan infinita que los colmaría para su vida entera?

¿Por qué seguir en la misma necedad que día tras día y ocurrencia tras ocurrencia, ya saben, no es la mejor? Es por ello que veo su sordera, oigo su ceguera que arruina sus ideales y agrieta su cuerpo. Si ustedes ya saben que lo de adentro es lo que reluce, ¿por qué seguir pintando el exterior con anuncios banales? Pareciera que todos prefieren los cosméticos a los buenos libros, aún cuando la mayoría afirme lo contrario.

Han pasado miles de años y el cambio reluciente sigue siendo promesa: cientos de años en la promesa sólo les han dejado soledades y reticencias. ¿Y qué es lo que buscan?

Aún se pueden ver a cientos de enfermos del oro con su bandeja sacudiendo piedras, con el cernidor acumulando polvo, con las manos aventando a todos. Lo curioso es que ya todos sabemos que basta sembrar la semilla y cuidarla para que la fortuna venga, pero más curioso aún es que, en lugar de ello, la mayoría sigue sentándose a esperar mientras compra un número elegido al azar y con las manos bien juntas en eterna oración vacua.

Pareceré cruel (aclaración: las madres mantienen tiranías a la vista de sus hijos, sin embargo, al pasar de la arena son ellos quienes descubrirán lo contrario las más de las veces a través de recuerdos irrecuperables), pero la verdad arranca las paredes más sordas hasta que se hace escuchar: la fe no mueve montañas mientras nosotros no las empujemos, así como la creencia no alimenta si no estamos dispuestos a levantar la cosecha. Igualmente ocurre con Dios mismo: jamás acudirá con los que ociosos esperan Su respuesta.

No hay vuelta de molino: si se trabaja con ahínco y se sublima el espíritu, el campo verdeará, y nuestra alma con él, eso es seguro.

Lo han comprobado los seres que algún día me dieron mi nombre, también los que les dieron el nombre a ellos y ellas, y hasta los antiguos que nombraron a quienes me dieron el nombre mío. Pero a veces resulta necesario que venga alguien nuevo a decirnos las cosas milenarias que siempre hemos sabido.

 

 

Elegido para representar a México en la Antología del I Certamen Mundial Excelencia Literaria de la editorial M.P. Literary Edition (Estados Unidos) dentro de la colección “Biblioteca de Autores Latinoamericanos” en la categoría de ensayo.

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