Sobre la escasa lectura en México (ensayo)

Una cosa es prometer y otra muy diferente, leer en realidad.

Y entonces, así de improviso, le lanzaron directa y sin anestesia una pregunta más o menos así: “Señor Presidente: ¿cuáles fueron los tres libros que han marcado su vida?”. No voy a hacerlos perder su tiempo leyendo la respuesta que es de sobra conocida; además de que resultaría en un truco barato solo para ganarme su empatía lectora.

En esos días, la mayoría de los mexicanos se llenaron la boca con toda clase de burlas, chistes y sobrenombres para Peña Nieto. Y es que esa mayoría de mexicanos, no lectores de hueso colorado que prefieren la taravisión en lugar de un buen libro (aunque sea infantil), siempre callados ante las reprimendas a causa de su poca cultura, por fin podían jactarse, cansarse de llamar inculto y otras palabrotas a nuestro presidente en las redes sociales más populares a costa de la ignorancia ajena en lugar de la propia. En resumen: por primera vez se sentían verdaderos revolucionarios y no como parte del problema de la profunda ignorancia en la cual está sumida casi todo el país.

Todavía hoy podemos encontrar decenas de los llamados “memes” que se carcajean de lo acontecido con bombo y platillo. Pero lo más interesante viene ahora:

Han pasado varios años desde aquella vergüenza pública y los índices de lectura en México no han mejorado absolutamente nada. Es más, incluso siguen bajando aparatosamente.

Hasta el día de ayer, se sigue dando más importancia a trabajar en lo que sea, antes que estudiar; los reality shows tienen cada vez más adeptos que las obras de teatro; y las revistas sensacionalistas venden más que cualquier libro de literatura no comercial. Las revoluciones actuales son más un #trending topic de redes sociales antes que una nueva toma de conciencia mental.

¿En dónde quedaron las promesas de “yo sí voy a leer porque si no, cuando crezca voy a dar pena, nieto”? ¿Qué pasó con todo el odio anti-Televisa que se publicaba en Facebook diariamente o se decía a grito pelado por todos lados? ¿No me digan que todo fue pura palabrería vacua como la de los políticos que tanto dijeron repudiar?

Me gustaría saber quiénes fueron las miles de personas que aseguraron que ya no verían más esos canales televisivos de mierda que solo idiotizan a nuestra población porque justo el día de ayer, en el restaurante a donde entramos a cenar mi esposa y yo, estaban a todo lo que daban las taranovelas. ¡Y la mayoría de los comensales, idiotizados por ellas! Y aclaro que no era una fonda populachera o un puesto de tacos de perro. No, era ni más ni menos que un negocio de clase media alta tipo Sanborns o Toks, en donde los precios no permiten que entren los de bajo nivel económico todos los días. Precisamente a esos que, según dicen muchos pseudo cultos de clase media que visitan este tipo de restaurantes, se la pasan viendo taranovelas porque no les alcanza la inteligencia (ni el bolsillo) para más.

Es curioso: en plena actualidad de importantes revoluciones sociales, en México seguimos viendo más partidos de fútbol transmitidos por el Canal de las estrellas en comercios y restaurantes de cualquier nivel que programas culturales o de reflexión (y hasta en nuestras propias casas sucede algo por el estilo). Y mejor ni nos metemos con lecturas públicas o tertulias sociales porque, al menos en esta ciudad, de común, no ocurren.

Y esto lo digo no por estar en contra de esa empresa televisora (que sí lo estoy), sino porque no veo que se cumplan por ningún lado las falsas promesas y las vacuas represalias que, según nuestro pueblo que “ya tiene los ojos bien abiertos y ya no se deja mangonear”, se hicieron por montones algún día de fanatismo anti-político.

Se los digo de una vez por todas: no creo que Peña Nieto vuelva a decir algo tan estúpido alrededor de la cultura como aquella vez que no supo decir esos tres libros que nunca leyó, así como tampoco creo que los no lectores (desgraciadamente, la mayoría en nuestro país) vuelvan a tener otra oportunidad tan brillante para burlarse de él sin que salgan embarrados. Por lo que mi sugerencia es que aprovechen mejor su tiempo que les quede libre (como dice la canción) y de ser posible, dedíquenlo a leer esos tres libros (como debería decir la misma canción) que hasta el día de hoy, no parece que hayan leído. Créanme, mexicanos, con tan solo tres libros por cabezota, mejoraríamos bastante.

Y no lo digo únicamente por los resultados tan desastrosos que han tenido los últimos movimientos sociales en México (me parece que el gobierno de Peña Nieto continúa en el poder y reformando leyes a su entera conveniencia), sino por el nivel tan mediocre de conocimiento, conciencia social, cultura y política que se respira por todos los rincones de nuestro país.

 P.D. ¿Alguien ha visto a esos montones de jóvenes despiertos que ya no se dejan y que dicen que están por todos lados transformando nuestra realidad? ¡Creo que se me perdieron miles de ellos y no puedo encontrarlos!

 

 

Ganador del derecho a ser parte de la publicación del Primer número de la Revista Literaria “La sirena varada, revista literaria bimestral” a través de su Primera Convocatoria Internacional de colaboradores organizado por la Editorial Dreamers (México).

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