Punto de no retorno (cuento)

Toda mi vida me concentré en demostrar que la estúpida teoría de la Tierra plana era solo eso: una absoluta estupidez. Conseguí barco, mecenas, tripulación y permisos únicamente con mis capacidades científicas sin tener que recurrir a lazos familiares como suele suceder en estas búsquedas. Sin embargo, en este momento toda mi tripulación me ha abandonado, mis recursos están consumidos casi por completo, y mi credibilidad ya es inexistente: mi barco se encuentra frente al precipicio del límite físico de la Tierra plana. Es el famoso punto de no retorno. ¡Maldita sea, yo siempre pensé que esa teoría era una mentira!

A punto de caer, con el barco en 45 grados, corro hacia mi cabina para esperar lo peor: la caída hacia un interminable abismo. ¿Monstruos gigantescos tal vez? No lo sé pero lo que sí es seguro, es mi muerte debido a mi necedad científica. Mi padre me lo dijo mil veces: “No hay futuro en la ciencia: no te apartes de Dios”. He aquí el terrible resultado de mi ceguera.

Dentro de mi camarote, echo un ovillo en mi cama, espero mi destino final. Sin embargo, luego de un buen rato, sigo escuchando el sonido producido por las olas del mar, continúo sintiendo el vaivén del navegar a la deriva. ¿Qué sucede? ¿No debería estar cayendo en un infinito interminable? Me asomo por la ventanilla y descubro algo inesperado: ¡sigo navegando en mar abierto!

¡¿Cómo es posible?! ¡Si yo mismo vi con mis propios ojos el fin del mundo! ¡La orilla de la Tierra plana! ¡El punto de no retorno! Mientras salgo a cubierta, mi cerebro empieza a enloquecer tratando de entender lo que sucede. Hasta que de improviso, me llega la idea iluminadora:

¡La tierra es cúbica! Sí, por supuesto, eso es: la Tierra no es esférica (acepto que me equivoqué), pero tampoco es plana (ellos también están equivocados). ¡Es un cubo! Un inmenso y hermoso cubo cubierto de agua y vida flotando a la deriva en el espacio universal. ¡Tal cual!

Entonces llega el ataque de risa combinado con triunfo absoluto.

Tras un par de semanas navegando completamente solo, nuestro osado protagonista ha iniciado la escritura del ahora famoso “Tratado Único y Veraz sobre la Tierra Cúbica” que habría de darle por fin el reconocimiento mundial ante la sociedad científica de su época, tal como lo dicta nuestra historia humana. Lo que él en realidad desconoce es lo que ahora todos sabemos gracias a las más modernas tecnologías que hemos desarrollado: la Tierra en realidad no es esférica ni cúbica, ¡es absolutamente plana! Y no solo es llana sino que además posee dos civilizaciones humanas (una distinta en cada una de sus dos caras), exactamente inversas respecto a sus características propias.

 

 

Ganador en la categoría Relato y, por tanto, con derecho a ser parte de la publicación en la Antología del Doceavo Concurso de Relatos y Micro relatos de Viaje Moleskin 2017 convocado a nivel internacional por Ediciones del Viento, La Editorial Viajera C.B., La Línea del Horizonte Factory Ediciones, Geoplaneta–Lonely Planet Publications LTD. (España); y patrocinado por Acer España.

 

Seleccionado para la Antología del Segundo Concurso de formato libre Ojos Verdes Ediciones “Escritores viajeros” convocado por Ojos Verdes Ediciones (España).

 

Seleccionado para la Antología del Certamen Mundial de Relatos “Mi gran aventura” convocado por la Editorial Letras con arte (España).

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