Sistema erróneo de creencias (cuento)

En algún lugar en medio de este vasto mundo, dos individuos platican relajadamente: mientras uno habla con parsimonia, el otro se asombra conforme escucha…

—¿A qué te refieres exactamente con esa locura del “sistema erróneo de creencias”? —pregunta incrédulo uno de ellos.

—Muchas veces la verdad es tan dolorosa o impactante que preferimos creer algo erróneo que sea más amable para nosotros. En otras ocasiones, ni siquiera nos hemos acercado una sola vez a la verdad de las cosas y por eso continuamos en una creencia errónea respecto a la realidad. Cuando un grupo de conocimientos se consolidan alrededor de tales creencias, se convierten en un sistema.

—¡Eso es ridículo! Yo no creo tener ningún sistema erróneo de creencias simplemente porque no tengo miedo a ninguna verdad.

—Vamos, —tranquiliza el primero, —todos sentimos miedos y no tiene nada de malo.

—Pues yo no. Y puedes hacer la prueba…

El asombrado dice esto como un reto: sabe a la perfección que su amigo es diferente, que no pertenece a ese lugar, por eso supone que sabe algo polémico respecto a todo eso. Y como el asombrado siempre ha sido valentón, se siente confiado.

Su amigo suspira. Está dudando entre decir la verdad solicitada o evitarse una discusión innecesaria. Al final se decide.

Este es el momento del relato en que el lector espera que el autor le tenga preparada una buena sorpresa pero me temo que eso no sucederá. El amigo solo le aclarará algo que todos sabemos que es normal: ellos están dentro de una cafetería dentro de una ciudad que está dentro de un sistema, la cual forma parte de un órgano inserto en la cabeza de una persona cualquiera. Nada extraordinario.

—Ya que insistes… —dice el amigo, y le suelta lo que ahora tu (lector) y yo (escritor) ya sabemos: —Tu y yo no somos personas como lo crees. En realidad somos dos células que forman parte de un universo interior, de una gran sabiduría universal, una especie de cerebro cósmico cuántico formado por infinidad de puntos de luz con pensar propio pero interconectados entre sí, los cuales forman una consciencia grupal más allá de nuestros átomos compartidos.

El asombrado ha llegado al clímax de su estupor. No puede creerlo. Es más, no llega a comprenderlo. Por lo tanto, se ríe. E inmediatamente su risa se transforma en carcajadas.

Su amigo espera a que se le pase la emoción.

—¡Qué imaginación tienes! ¡Me encanta platicar contigo porque me divierto muchísimo! —y le pega unas palmadas amistosas en el hombro.

—¿Lo ves? Te dije que la verdad es difícil de creer.

—Difícil sí, pero no da miedo, no exageres.

—¿Seguro?

El aludido piensa un poco: una idea fugaz lo incomoda por lo que decide estallar en nuevas carcajadas a fin de disiparla.

Los amigos terminan amistosamente su café entre risas, comentarios, bromas y más datos extraños que resultan increíbles. Todo parece indicar que los sistemas erróneos de creencias seguirán más tiempo. Tal vez para siempre.

Antes de despedirse, el antes asombrado ahora divertido, pregunta algo que le incomoda desde hace rato y no puede olvidar:

—Supongamos que lo que me dijiste es verdad. Entonces, ¿cómo lo sabrías tu si también estás aquí dentro atrapado conmigo?

Su amigo contesta algo todavía más inaudito:

—Ya que ahora piensas que soy un loco, puedo terminar la idea tal como es sin temor alguno. Verás: tu eres una neurona, una célula productora de ideas, y por eso fácilmente creas sistemas erróneos de creencias. Yo en cambio, solo soy un glóbulo rojo, y por ello me es dado conocer la verdad sin producir juicio alguno. Yo he estado en diversas partes del cuerpo al que pertenecemos y por eso me he enterado de la verdad. Pero como todas ustedes, las neuronas, se han encargado de hacerse creer a sí mismas que son individuos independientes, por eso te suena completamente inaudito, mi amigo. Nuestra realidad la crean nuestras ideas.

El asombrado nuevamente está en silencio: no sabe qué pensar. Pero sus creencias no cambian. Luego de unos momentos de silencio, estalla en carcajadas más atronadoras que nunca.

—Lo dicho: ¡eres divertidísimo! Gracias por una tarde inolvidable con tus locuras, amigo.

El asombrado lo abraza luego que su amigo sube a un taxi y se va. Pero esto es así visto desde la mirada incrédula de él. Lo que en realidad sucede es que el glóbulo rojo ha terminado de dejar el paquete de información genética solicitado así como los nutrientes necesarios para esa neurona y vuelve al torrente sanguíneo. Mientras el glóbulo se aleja perdiéndose en la vastedad de la vena cava, la neurona reflexiona divertida sobre cómo es que pueden existir personas con tanta imaginación como la de su amigo.

 

 

Publicado en la web http://www.inspiraciencia.es como parte del Sexto Concurso Internacional de Relatos de inspiración científica “Inspiraciencia 2016” convocado por la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT), el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (Delegación Catalana) (CSIC), el Instituto de Ciencia de Materiales de Barcelona (ICMAB), la Red de Unidades de Cultura Científica (UCC) y el Instituto de Ciencias de la Tierra Jaume Almera (ICTJA) (España).

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