Quetzal (cuento)

La tarde estaba fría. La lluvia arreciaba, por lo que aparcó lo más cerca que pudo de la puerta de entrada. Cuidando de no mojar los documentos de venta y garantía, ella entró rápidamente a su casa. A pesar del clima, ella se sentía muy emocionada: aquel cuadro significaba un gran logro en su carrera de pintora.

Dejó el abrigo sobre una silla y subió presurosa a su estudio. Iba muy emocionada.

Lo que encontró, cambió drásticamente su estado de ánimo: su pequeño hijo estaba pintarrajeando el enorme lienzo blanco que ella había comprado especialmente para realizar su próxima obra. Aquella más grande, la más esperada.

La cólera se hizo presente y se dejó inundar por sus emociones encontradas: sin pensarlo, apartó al crío de un bofetón y le gritó la imprudencia que había tenido a través de una marea de palabras punzantes, dolorosas.

El niño salió huyendo en medio de un mar de lágrimas y gemidos. Afuera de la casa, la tormenta estaba embravecida.

Ella se tapó la boca por el estupor: el lienzo había costado una barbaridad, sí, pero sus palabras hirientes aunadas a ese bofetón descontrolado también resultaban una barbaridad.

De inmediato se arrepintió de lo que hizo.

Salió tan rápido como pudo en busca de su criatura. Mas la búsqueda fue en vano: la acongojada madre buscó incansable por todas partes de la casa, por todos los rincones imaginables de su corazón, pero no pudo hallarlo por ningún lado.

Cansada y llorosa, cayó en cuclillas apenas en el quicio de la puerta de su estudio para vaciar todo su arrepentimiento.

Pasaron interminables segundos de angustia y pena.

Fue cuando percibió los gemidos sordos al fondo del salón: el niño estaba hecho un ovillo de tristeza entre las penumbras de sus lienzos.

Con mucho cuidado para no asustarlo, ella se acercó a gatas hasta poder abrazarlo. Lo cubrió con sus grandes alas de madre, lo llenó de besos y le pidió el más sentido perdón.

Ambos se deshicieron en más lágrimas, más besos y muchas más caricias de puro amor.

En el cielo, el sol ha salido nuevamente. Ahora brilla con todo su esplendor mientras los enormes nubarrones anuncian su retirada frente al fresco viento de la tarde.

Ella ha dejado salir a jugar a su hijo y regresa con pesadez a limpiar el entuerto que ha dejado el crío en su recién adquirido lienzo.

Es cuando descubre al ave multicolor en el marco de la ventana: trina de una manera tan extraña que le recuerda a un chorro de agua cayendo libremente. Y luego de una rápida sacudida, vuela y desaparece por el cielo profundamente azul.

Al voltear hacia el gran lienzo, ella descubre asombrada que nuevamente está en blanco.

 

 

Primer lugar y por tanto, seleccionado para su publicación en el libro antología del Tercer Certamen Literario de la Fundación SOMOS convocado por la Fundación SOMOS Health & Family Fair España y organizado por su página http://www.fundacionsomos.net y el Club Literario Somos (España).

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