Buscando a Mary Quaid (cuento)

Una vez se me ocurrió está historia y nunca supe qué hacer con ella, por eso, qué mejor que contárselas ahora mismo…

Todo ocurre a medidos del siglo pasado, por ahí de 1950. Favor de recordar este dato, pues es importante para la lógica en el desenvolvimiento de la historia.

En las cercanías de un pueblo perdido en medio del desierto del cuál nunca supe su nombre, una piloto llamada Mary Quaid se estrella. El accidente es aparatoso y llama la atención de todo el pueblo, que acude de inmediato. Cuando llegan a la zona del siniestro, descubren el avión completamente destrozado y el cuerpo de Mary sin vida.

Los habitantes regresan a sus casas con la historia entre labios y en los días consecuentes, otros vuelven al aparato en busca de algún botín que llevarse: las joyas y pertenencias personales de Mary, desaparecen en seguida.

Un muchacho de baja condición llamado Jesón, el cual es asistente de uno de los más acaudalados del pueblo, pide prestados a su patrón un par de caballos para llevarse el avión a una troje abandonada. A su jefe le argumenta que siempre le han atraído las cosas brillantes (el viejo lo cree corto de entendimiento), sin embargo, el chico en realidad es muy brillante (esto sólo lo sabe el loco del pueblo, con quien sostiene largas conversaciones sobre mecánica de fluidos y universos paralelos, conocimientos algo avanzados para esos años).

Luego de algunas semanas de “malgastar su tiempo en esa desolada troje” (según su patrón), Jesón logra arreglar el avión pues le encanta la aeronáutica y todo lo que tenga que ver con la aviación: uno de sus dos más grandes sueños es volar. El otro es casarse con la hermosa hija de su jefe, Vienna.

Vienna está medio loca de la cabeza: aparte de soñar con tener un gran plantío de patatas a las orillas del Támesis, espera que su príncipe azul llegará en un corcel metálico surcando los cielos. Sin embargo, aparte de estas singulares ocurrencias, Vienna en realidad está perturbada mentalmente. Una de esas extravagantes condiciones médicas aún no diagnosticadas todavía.

Una curiosidad en esta historia de enredos amorosos es que el destino tuvo un pequeño error y mandó a una princesa (Mary Quaid) en lugar de un príncipe, sólo que la muy estúpida se estrelló y no pudo completar su misión amorosa con la hija del jefe de Jesón. (*Nota al margen de todo: la señorita Quaid era lesbiana, por lo que sí podría cumplir el sueño de Vienna, quien dicho sea de paso, también tiene inclinación hacia ambos géneros humanos).

Ante esto me llega la duda: ¿funciona bien para esta historia que Vienna sea bisexual? ¡No lo sé! ¡Pero de todas formas la princesa ya se murió y asunto arreglado! No hay porqué meternos con las preferencias de este personaje puesto que, según Balyburius (el loco del pueblo), la hija de uno de los hombres más acaudalados del lugar, no se casará nunca. Por lo cual, seguro ella seguirá por siempre a la espera de su mentado príncipe volador. Pero sigamos con la historia y dejemos las intimidades de Vienna, que para eso estamos aquí:

El verdadero jaleo se arma cuando llega al pueblo (caminando que no volando) un apuesto caballero. Es el viudo de Mary, Adam Quaid pero de esto nadie se enterará pues no le preguntarán su nombre jamás. Todos han de tratarlo como alguien muy familiar aunque sea recién avenido por aquellos lares. ¡Así es la gente de esta región!

Él está investigando el paradero de su esposa; también es aviador. En uno de sus vuelos recientes, vio a lo lejos el avión de Mary estacionado a fuera de una troje abandonada, y decidió ir al pueblo cercano para indagar si ellos tenían una idea de lo que había sucedido. La cuestión es que se le acabó la gasolina a un par de kilómetros de ahí y tuvo que llegar a pie (sino, tengan por seguro que hubiera aterrizado a mitad de la avenida principal del pueblo sin aviso ni pompa cívica). No sabe que su esposa ya murió debido a que su avión se encuentra en perfectas condiciones (reconstruido por Jesón).

Y el embrollo (o nudo principal de nuestra historia) es así (bastante anudado, por cierto): Vienna piensa que Adam es su príncipe azul quien, aunque llegó caminando, sabe cabalgar un corcel de hierro (y así se la llevará a su plantío de patatas a la orilla del Támesis), sin embargo, ella no quiere meterse con el destino y debe esperar a que él le pida casarse (¡aunque no tiene empacho en ayudar un poquito mediante ropajes atractivos y una que otra insinuación, por supuesto!). Y como Jesón está enamorado en silencio de ella pero reniega de que su baja condición es lo que lo separa de su sueño para casarse con Vienna, ve de mala gana las intenciones de la muchacha con el forastero al tiempo que no hace nada para evitarlo. Bueno, en realidad sí, pero no con ella sino con él: le quiere partir la cara en tres pedazos. Al mismo tiempo, Adam se interesa en Vienna (quien no está de mal ver excepto por sus neuronas) pero es casado (recordemos que desconoce que su esposa ha muerto) y debe volver a su ciudad (sin embargo, una noche de pasión secreta no hace mal a nadie). La condición mental de Vienna no ayuda mucho a que el romance prospere una vez que Adam la descubre (a su condición mental, no a ella desnuda dentro de su cama a medianoche), aunque el padre de la chica hará todo lo posible por obtener un yerno de tan preciada condición. Y Balyburius mientras tanto, solo sirve para complicar las cosas cada vez que se entera de algo y va con el chisme completamente tergiversado con ella, con su padre, con Jesón, y a veces hasta con el propio Adam, a quien no le tiene confianza pero si intriga hacia lo que se dedica.

Al final y en una borrachera de la muchacha, el amor precedido de una unión carnal no autorizada, triunfa entre Vienna y Jesón, quienes deciden casarse y poner una linda plantación de tomates y hierbas finas a la orilla del Río Patatas, el más bonito de la región (muy cercano al sueño de ella, los detalles salen sobrando).

Adam recapacita, luego de tener también un amorío secreto con Vienna (¡qué muchacha tan fogosa, y qué galán tan sacrificado!), en que volver a la ciudad sería una mejor idea al enterarse (por un error intencional de Balyburius) que Mary ha muerto, pues así podrá recordarla sin una chica fogosa cerca que lo haga confundirse respecto a sus sentimientos hacia la difunta, por lo que Mr. Quaid decide regresar en el avión de ella.

Al irse volando por el horizonte, el avión sufre el mismo desperfecto que con Mary y vuelve a estrellarse de la misma manera. Incluso en el mismo sitio (ese agujero seguirá ensanchándose).

Todos observan su retirada y el accidente. ¡Y hasta lo festejan con acompasados vivas!

Balyburius comenta que “exactamente así se hizo pomada la otra”, y regresan felices a preparar todo para la boda. Unos días después, los efectos personales de Adam, también han desaparecido.

Podríamos soñar que Jesón llevará de paseo a su nueva esposa en el avión de Mary Quaid una vez que lo vuelva a llevar a la troje abandonada y lo repare de nuevo, pero eso sólo sería sentenciarlos a una muerte segura. Mejor dejemos todo tal cual: que sean “felices para siempre”.

O hasta que Balyburius se entrometa.

 

 

Accésit y por tanto, seleccionado para la Antología del Sexto Concurso de Relatos cortos “Plazuela de los Carros” organizado por Asociación Cultural “Plazuela de los carros” de Torralbilla, Zaragoza (España).

 

Seleccionado para una Publicación interna de tiraje corto para la Asociación Cultural “Plazuela de los carros” de Torralbilla, Zaragoza como parte del resultado de su Sexto Concurso de Relatos cortos (España).

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