Invierno otoño (cuento)

(Otoño invierno, 2a parte)

 

Supongo que morí entre el otoño y el invierno. Tal vez exactamente el 22 de diciembre cuando se estaba dando la transición. Y supongo esto porque desde que tengo uso de razón necrológica, este ataúd se siente tan inhóspito como un gélido invierno empero rodeado de una nostalgia  romántica como la que nos regalan los otoños.

Recuerdo que mientras estaba vivo, cada día me invadía la melancolía de lo que se estaba yendo por las mañanas para que después llegara la esperanza de un renacer completo cada noche. Fue así como también saqué la lógica que debía haber nacido entre el otoño y el invierno, tal vez un mero 22 de diciembre.

Tales coincidencias espectaculares entre fechas me indican que lo más seguro es que haya sido un engendro extraño entre el invernal trato humano y la candidez apasionada de los recuerdos gratos. Sin embargo, la ausencia de vida aunada a la costumbre de estar muerto, se han llevado tanto mi consciencia como mis emociones de saberme humano. Así es como ahora no recuerdo lo que fui y solo supongo lo que he de haber sido pues en el otoño de mis voluntades humanas tan solo se divisa un invierno permanente de pensamientos.

Como sea, otoñales a la par de revitalizantes, todas estas sensaciones me están dando puerta abierta a nuevos conocimientos, una nueva etapa hasta ahora desconocida para mí: hoy, a 22 días de transcurrido el mes de diciembre, cuando las hojas marchitas de los árboles han desaparecido por completo y apenas inicia el danzar de los próximos copos de nieve redundantes, descubro que siempre sí existe la vida después de la muerte pues varios amigos espectrales me han venido a buscar para charlar un rato bajo la pálida luna de la noche.

Este descubrimiento resulta bastante satisfactorio para alguien como yo, acostumbrado al otoño invierno humano, al invierno otoño eterno, pues ahora descubro que tras la caída inevitable de nuestras vidas cual las hojas en otoño, y su consecuente invierno aparentemente interminable de fría oscuridad, en realidad llega presto y seguro un inesperado renacer de vida y oportunidad infinitas.

 

 

Seleccionado para la Antología del Certamen Internacional de Cuentos cortos “Historias de otoño e invierno” convocado por la Editorial Letras con arte (España).

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